Cuando dos líneas de orientación no coinciden en la bandeja, la pregunta del geólogo estructural siempre es la misma: ¿a cuál le creo?
SmartCore™ responde esa pregunta con datos, no con criterio. Cada medición se registra junto a las señales que permiten juzgar su fiabilidad, y ese juicio viaja con el dato hasta el informe.
Esta página explica, en lenguaje llano, qué comprueba el equipo y en qué momento. Está pensada para quien recibe el instrumento por primera vez.
La herramienta mide dentro del pozo y guarda en su memoria interna. La aplicación marca el instante, asocia la profundidad y descarga al terminar. Por eso algunas comprobaciones ocurren antes de bajar, otras en el momento de la lectura y otras al recuperar los datos en superficie.
Nada arranca si el instrumento no está en condiciones o si falta la información del sondaje. Es la única fase en la que el operador puede corregirlo todo sin coste.
Mientras toma la lectura, el sensor registra en qué condiciones la tomó. Después, en superficie, la aplicación guía el marcado paso a paso.
Al recuperar la memoria, las señales recogidas se resuelven en un veredicto por medición. Ese veredicto es lo que el geólogo lee después.
Se recogen automáticamente durante el flujo de orientación y aparecen agrupados en la lista de mediciones y en los informes. El geólogo no necesita interpretar señales crudas: lee un campo y sabe qué ocurrió.
Detecta si la sarta vibraba o el barril seguía girando cuando se tomó la orientación. Una lectura tomada en movimiento no es representativa de la posición real del núcleo, por bien que se haya marcado después.
El sensor no lo deduce de un solo indicio: contrasta la quietud detectada con el módulo del campo gravitatorio medido. Un módulo fuera de lo esperado delata movimiento o una anomalía del sensor, aunque la quietud pareciera correcta.
Además de la orientación, el sensor determina la inclinación en ese mismo momento. Cuanto más se acerca el pozo a la vertical, peor definido queda el fondo del núcleo: la referencia gravitatoria pierde resolución y el error angular se dispara.
Recoge los errores que pueden aparecer entre la lectura y el trazo de la línea. La aplicación guía la rotación del testigo con realimentación continua: la vibración empieza a los ±45° y se acelera al aproximarse, y la pantalla cambia cuando se entra en la tolerancia de ±5°, configurable.
Si el tubo se ha movido, si el testigo estaba suelto o desplazado, o si la bandeja está demasiado inclinada como para que la lectura del sensor sea fiable, el operador lo declara antes de cerrar. No hay valor por defecto: la calificación es una elección obligatoria.
Un único campo que refleja el resultado más severo de las tres banderas anteriores. Es el campo que se ordena y se filtra cuando hay que revisar una carrera completa, y el que determina si la medición entra en el informe sin intervención humana. Queda en blanco cuando la orientación se omitió.
Junto a los indicadores, cada medición lleva el motivo concreto de lo ocurrido. No es un código: es una frase que el geólogo puede leer meses después y entender sin consultar a nadie.
Incluye también los pasos que se omitieron. Saber que un paso se saltó es tan informativo como saber que falló.
Calificar la medición es el final del proceso, no el principio. La mayor parte de los datos que se pierden en un programa de sondajes no se pierden por un sensor: se pierden por una cabecera mal escrita, una unidad mal supuesta o una medición dudosa que nadie marcó. Estas capas atacan ese frente.
Cada campo se comprueba con cada pulsación, no al guardar. Las coordenadas se verifican contra su rango real, la profundidad de fondo debe ser mayor que la de inicio, y un campo en error nunca se persiste: se conserva el último valor válido.
La aplicación nunca ofrece una posición sin decir de dónde viene: satélite con recuento de satélites, red, nube o último sondaje guardado. Si la posición es antigua, se marca como tal y se pide verificarla.
Todo queda en la cabecera del informe.
Una lista de situaciones frecuentes para lo habitual, y texto libre de hasta 150 caracteres para lo que no encaja. Se puede corregir después desde la lista de mediciones.
Lo que no pasa el control se excluye del informe por defecto, pero nada se borra. Una medición No Pass puede reincorporarse de forma explícita, y esa decisión queda registrada junto al motivo original.
PDF, Excel y CSV se generan en el propio dispositivo, con o sin cobertura. Las columnas de calidad viajan en los tres formatos; Excel y CSV añaden el comentario y la calificación de la marca.
La API de SPT permite conectar de forma segura los datos de SmartCloud™ con las plataformas que ya se usan. Integra, sincroniza y lleva la información donde se necesita.
Cada medición reúne los datos registrados por la herramienta, el resultado del control de calidad y la información aportada por el operador. Estos campos permiten comprobar rápidamente el estado de cada registro antes de generar el informe.
Un No Pass no significa que el dato sea inútil. Significa que se sabe exactamente en qué falló y, por tanto, con cuánta confianza puede usarse. Es lo contrario a un dato silencioso.

Un registro detallado por carrera —qué se midió, en qué condiciones, quién lo marcó y qué observó— es lo que convierte un archivo de orientaciones en una referencia histórica útil cuando el proyecto vuelve a la mesa.